Asesinando la esperanza

La madrugada de hoy en Honduras amaneció como lo que relataría el Comandante Ernesto Guevara en una de las páginas de su diario en Bolivia: Día negro.
Militares golpistas han secuestrado al presidente electo constitucionalmente Manuel Zelaya Rosales, en un ataque frontal contra la democracia, y que la oligarquía hondureña avizoraba como la pérdida de sus amplios privilegios.
Honduras desde entrado el siglo XX fue convertido en una república bananera, sobre todo amparado en un tratado de libre comercio firmado con los Estados Unidos, lo cual hizo a sobremanera que los latifundistas nacionales cada día fueran más conservadores en cuanto a reformas y progresos sociales. Esto produjo una clase militar dependiente y en defensa de los intereses de los oligarcas latifundistas, quienes amparados en su poder económico compraron y privatizaron todas las principales esferas de servicios: Salud, educación, comunicaciones y otros más.
Como tantos países de Latinoamérica, sufrió el tortuoso camino de las dictaduras a mediados del pasado siglo pero en conjunto con los cambios ocurridos en el continente, el país centroamericano se sumó a ser uno de los pueblos que unido a Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil, El Salvador y por supuesto Cuba ha cambiado los destinos de todos los oprimidos en causa común.
La extrema derecha conservadora desea que la causa de los pobres en Honduras no debe triunfar, que no debe triunfar la democracia y el propio destino que han elegido en verdaderas elecciones por su pueblo.
También como parte del golpe anacrónico y troglodita, fueron secuestrados en unión de la Canciller hondureña Patricia Rodas, el embajador cubano Juan Carlos Hernández Padrón, el embajador de Venezuela y el de Nicaragua respectivamente. Esto significa que el golpe no ha sido solo contra lo establecido en la constitución del hermano país centroamericano, sino contra la esperanza que encabezan estos compañeros en nombre de América Latina.
Las Fuerzas Armadas en complicidad con la extrema derecha, ( y no olvidemos que a lo largo de casi 400 años, las academias militares han sido diseñadas y dirigidas por la oligarquía nacional de ánimos muy conservadores), por lo que es necesario estar preparados, porque lo que creímos muerto y enterrado ha revivido: el horror de las dictaduras militares de corte neofascistas. Aún debemos recordar lo ocurrido en Chile hace ya treinta y tres años.
Zelaya anunció reformas y mejoras para los oprimidos, y los poderosos respondieron el no rotundo con un artero golpe militar. Como son dueños de los principales medios de comunicación han tratado de anular la verdad, y los jefes militares golpistas han ordenado apresar a todos los integrantes del gobierno presidido legítimamente por Manuel Zelaya.
Es por eso que firmemente decimos que este brutal golpe de estado está asesinando no solo la esperanza de los hondureños humildes, sino de todos los humildes de América Latina.
Fidel Guillermo Duarte

