De olores y fragancias

Los olores, como los colores o los ruidos, ya existían en la naturaleza cuando el hombre aparece sobre la tierra, entre ellos figuran el salobre del mar o el de la tierra mojada después de la lluvia , de las flores y otros.
Pero, ¿en qué momento descubre un aroma nuevo, diferente a todos aquellos que ya conocía y que podía obtener con sus propios medios?
Quizàs fue allá en la prehistoria, un día en que uno de aquellos hombres primitivos, encendió una hoguera para calentarse en el invierno o para alejar las fieras que acechaban.
Aquellas ramas que ardían y desprendían resinas que impregnaban el aire de un olor agradable, un aroma que nunca antes había sentido. Entonces, el hombre aspiró y sintió placer.
Seguramente que sorprendido, correría a llamar a los demás y sin saberlo asistirían al nacimiento de las esencias o perfumes.
Lo cierto es que todas las civilizaciones antiguas utilizaron el aroma del humo del incienso, la mirra, o de otras resinas y maderas. Fue la ofrenda más adecuada que encontraron para comunicarse con los dioses en los que creían y rendirles tributo.
Aún hoy, muchas religiones orientales y occidentales utilizan el incienso o los palitos de sándalo, nuez moscada, canela, y otras maderas aromáticas.
La fabricación de fragancias para uso humano, en el aseo personal, corresponde a los egipcios, considerados los primeros perfumistas artesanales.
Cuando fue abierta la tumba del faraón Tutankamon se encontraron como evidencias más de tres mil potes con fragancias. Las egipcias colgaban de su cuello pequeños recipientes de barro con sustancias aromáticas para seducir a los hombres y ahuyentar las enfermedades.
Los hebreos los usaban tanto para quemar en el templo como para enterrar a los muertos, así lo reflejan pasajes de la Biblia. A Grecia llegaron de Egipto los perfumes y de ahí pasaron a Roma. Los griegos lo consideraban como un don de Venus y para cada parte del cuerpo había un aroma.
Así la menta era para los brazos, la mejorana para los cabellos, el aceite de palma para el pecho, el tomillo para las rodillas y el aceite de orégano para piernas y pies, entre otros.
Los romanos perfumaban sus baños, mezclados con aceite y leche, y sus habitaciones y muebles. También las águilas que servían de estandartes en la guerra, eran perfumadas antes de la batalla y después de ella, si lograban la victoria.
Su aplicación cambió según costumbres y diversidad de culturas. Con el tiempo, la perfumería sufrió transformaciones hasta llegar a su producción industrial y alcanzar la categoría que tiene hoy.
Pero esto habría sido imposible sin el alcohol, hallazgo de los árabes en el siglo VIII. Aceites y resinas olorosas diluidas en él, revelaron toda la plenitud de los aromas, lo que permitió la elaboración de perfumes más delicados y finos.
El primero elaborado con alcohol fue una crema llamada Agua de la reina de Hungría, llamado así por ser el preferido de la princesa húngara Isabel, a principios del siglo XIII.
Se afirma que el primer perfume con fines comerciales data del siglo XIV y fue El Agua de Reina o Agua admirable, nombre que le otorgó su creador, el químico y comerciante italiano Juan María Farina, quien obtuvo la fórmula de un monje que había vivido en el Oriente.
De las fragancias llegadas a nuestros días, la más antigua es el Agua de Colonia 4711, creada en 1796, primer perfume para uno y otro sexo. Napoleón y su amada Josefina la usaban.
Las colonias son esencias muy suaves y refrescantes. Los extractos son los que más perduran en la piel. Y el agua de tocador es también suave, pero menos fresca.
Los elaborados a partir de flores tienen ingredientes básicos como jazmín, rosa, violetas, narcisos y lilas y otros. También del limón y la naranja, tanto de sus flores como de los frutos.
Saber perfumarse es todo un arte. Hay quienes aconsejan aplicar la fragancia en sienes, cuello, muñecas, tobillos y orejas. Debe elegirse la que mejor combine con nuestra piel.
Por: Idalmis Rodríguez


